LAS MÁQUINAS NOS AYUDAN PERO NO SOMOS IGUALES

Por : Victor Bergamino

Cuenta la historia que algunos años atrás, los hombres hacían todo lo que las máquinas suelen hacer. Claro está que la optimización, velocidad y eficiencia de los procesos han convertido a cualquier artilugio tecnológico en uno de los principales actores en cualquier empresa. Sin embargo, como es de esperar, habrá cosas que muy difícilmente podrá hacer cualquier aparato tecnológico.

Algunos de los filósofos más reconocidos en la modernidad, consideran que crear, inventar o fabricar máquinas con sentimientos puros y verdaderos, resulta imposible. Ahora bien, en ése sentido, el ser humano es como es por su naturaleza y aunque concebir la idea de que una máquina pueda ser auténtica en sus emociones es posible, en la realidad resulta utópico. Las habilidades emocionales de los seres humanos son únicas e inigualables.

Por ejemplo: en los grandes supermercados es posible presenciar que el cajero ya no es un ser humano si no una máquina. Sin embargo, se ha comprobado científicamente que más del 76% de los seres humanos prefieren un cajero de carne y hueso que le pregunte cómo estuvo su compra o que con su amabilidad, haga sentir satisfecho al cliente. En el 2016, 27 estudios sobre empleados fueron evaluados por el Banco Mundial, lo cual evidenció que el 79% de los entrevistados resaltaron una habilidad socioemocional, tal como la honestidad o la capacidad para trabajar en equipo. La interacción personal con el cajero humano muy difícilmente podrá ser comparado con la interacción con una máquina.

Por otro lado, hay dos sectores que han sido objeto de estudio en el tema de la tecnología: la salud y la educación. En primera instancia, en los hospitales se ha demostrado que el cuidado a los pacientes es una de las tareas fundamentales por parte del personal médico.  La Organización Mundial de la Salud se pronunció al decir que para el 2030 se estima que se necesitarán 40 millones de trabajadores dedicados al cuidado de los enfermos. Esto, difícilmente lo podrá realizar una máquina con el mismo interés o cuidado que lo haría un ser humano. Sin embargo, hay un factor determinante y es que la implementación de las máquinas en este tipo de casos resultaría hasta más económico pues un personal empático, atento y formado académicamente demanda un costo más elevado y, por consiguiente, algunos no podrán acceder a este tipo de servicios.

En lo que respecta a la educación, existen un sinfín de cursos online y demás métodos de estudios por internet, pero hay quienes defienden que enseñar a los jóvenes demanda una interacción humana con el fin de motivar al estudiante, además de detectar problemas de desarrollo e inculcar habilidades sociales.

Finalmente, como sociedad hemos avanzado a un punto en el que la brecha entre lo humano, lo social, lo ético, lo moral y lo tecnológico ha comenzado a enfrentarse en repetidas ocasiones. Siempre y cuando el pasado haya servido como lección, el presente como campo de acción y el futuro como objetivo social o particular, se respeten, aún es posible vivir en paz y en tranquilidad los unos con los otros.

Victor Bergamino / victorberi@unisabana.edu.co