UN VIAJE INESPERADO EN CARRETERA

Hace algunos dias regresé de un gran viaje por carretera, bastante espontáneo por cierto, por el centro de los Estados Unidos.  Me levanté una mañana, hice una maleta sin muchas pretensiones,  tomé el volante de mi carro y  comencé la aventura de no saber a dónde iba. Lo único cierto era la  cantidad de dinero con el que contaba para ir y venir sin necesidad de tener que pedir un aventón o llamar a un familiar cercano para que me depositara algo de sus ahorros.

La primera noche terminé en las   playas de Sarasota, consideradas de las más hermosas en Estados  Unidos. La arena es tan blanca y   suave como una montaña de harina de torta, y cientos de visitantes se acercan a ella  antes de caer la noche para ver el atardecer de un sol gigante y naranja intenso como hace rato no apreciaba. Luego vino Saint Petersburg, una ciudad hermosa, rodeada de agua, barcos y anfitriona de un museo fascinante, el de Salvador Dalí.

Atlanta fue el siguiente destino. Aquí descubrí el mundo de Coca Cola, La cede de CNN, y una serie de restaurantes que me dejaron gratamente sorprendida como el   Staple House, que además de ofrecer un menú fuera de serie, tiene una historia conmovedora de dos grandes amores que tenían un sueño De allí, Alabama.

Qué gran lugar para visitar. En este destino, decidí conocer sitios tan remotos como las milenarias montañas de Cheaha, y las cuevas  de la Catedral;  fantasmales, y misteriosamente    deslumbrantes donde pareciera que el tiempo se detuvo miles de años atrás. Una parada en Memphis, nos presentó la música country y la casa de Elvis, para luego pasar por  Arkansas y sus vastas granjas llenas de frutas y calabazas, para finalmente terminar en Texas.

marianacarlesEntre las ciudades de Plano, Dallas y San Antonio, me quedé con esta última, con su arquitectura desafiante y su gente amable. De regreso a casa, y como última parada, escogí New Orleans, ciudad de Mardi Grass. Su estilo, mezcla de francés, europeo y criollo, conserva las características más importantes de la zona. Aquí, aproveché de probar chicharrón de cocodrilo,  chocolate con puerco y té de tomate, toda una aventura. No es tan fácil resumir tantas experiencias en 360 caracteres, lo que sí les digo es que fue un viaje lleno de sorpresas naturales, comida auténtica y arquitectura inesperada.


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