ROBERTO CANESSA en la Feria Internacional del Libro de Miami 2016

Presentando TENÍA QUE SOBREVIVIR. Un libro Autobiográfico y motivacional , Sobreviviente de una tragedia que asombró a la Humanidad, llevada al cine varias veces

El destacado cardiólogo uruguayo -entonces un joven estudiante de Medicina- estaba en el avión que cayó en la Cordillera de los Andes en octubre de 1972 y que fue rescatado dos meses después, junto a otros 15 compañeros, luego de soportar circunstancias extraordinarias, a miles de metros de altura, bajo temperaturas heladas y con escasos alimentos. Junto al escritor Pablo Vierci, en Tenía que sobrevivir cuenta su experiencia y su posterior trabajo solidario.

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Roberto, con 19 años de edad, actuó como un líder natural durante la terrible experiencia, empezando por hacer la atención médica de los heridos desde el primer instante tras el accidente, ya que él cursaba segundo año de la Facultad de Medicina, así como dando las nociones básicas y científicas de que la idea de usar los cuerpos de sus amigos muertos como alimento les permitiría ganar tiempo e inventar la salvación

Doctor Canessa en Twitter

El accidente del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, conocido popularmente como el «milagro de los Andes», ocurrió el viernes 13 de octubre de 1972, cuando el avión militar con 40 pasajeros y 5 tripulantes que conducía al equipo de rugby Old Christians formado por alumnos del colegio uruguayo Stella Maris se estrelló en un risco de la cordillera de los Andes en Mendoza (Argentina), a 3500 msnm, en ruta hacia Santiago de Chile.

De las 45 personas en el avión, trece murieron en el accidente o poco después (entre ellos 4 de los 5 miembros de la tripulación); otros cuatro habían fallecido a la mañana siguiente, y el octavo día, murió una pasajera de nombre Susana Parrado debido a sus lesiones. Los 27 restantes tuvieron que enfrentarse a duras condiciones ambientales (-25 a -42 °C) de supervivencia en las montañas congeladas, aún en plena época de nevadas, en medio de la primavera austral. Durante varios días las partidas de rescate intentaron localizar los restos del avión sin éxito. Incluso algunos aviones estuvieron cerca del lugar, pero muy alto para poder encontrarlos.

La mayoría de los sobrevivientes dormían con un par de pantalones, tres o cuatro suéteres, tres pares de calcetines, y algunos se tapaban la cabeza con una camisa para conservar el aliento. Para evitar la hipotermia, en las noches más frías, se daban masajes para reactivar la circulación e intentaban mantener la temperatura corporal en contacto entre sí. Algunos preferían dormir descalzos para evitar golpear a alguien con sus zapatos. La búsqueda se suspendió ocho días después del accidente. En el undécimo día en la montaña los supervivientes escucharon por una radio de pilas, con consternación, que se había abandonado la búsqueda.