¿Es la caída de Mosul, el fin del estado islámico?

LA REDACCION

Esta es la pregunta que nos hacemos muchos  después que el pasado domingo 10 de junio fuera anunciado por la oficina del primer ministro Haider Al Abadi la toma de la ciudad de Mosul por las fuerzas de Iraq, la mayor ciudad del “califato”. Fueron nueves meses de dura batalla para lograr la liberación.

Mosul  una rica ciudad  petrolera al norte de Iraq, tenia   casi 2 millones de habitantes, una de las ciudades más diversas de Iraq, con una población de árabes, kurdos, asirios, turcomanos y muchas otras minorías religiosas que desde la toma en junio del 2014 se convirtió en la sede del autoproclamado Estado Islámico y donde agarró fuerza “Estado Islámico de Iraq y el Levante (ISIS)”

Su pérdida le arrebata a los islamistas muchas de sus principales rutas de abastecimiento desde Iraq a Siria, donde el grupo también mantiene una fuerte presencia, pero expertos opinan que a pesar de la pérdida de estos territorios, que son bases urbanas extremadamente importantes, es poco probable que disminuya la influencia de la organización el grupo ya ha demostrado sus habilidades para reclutar seguidores y organizar ataques alrededor del mundo.

Sin embargo no olvidemos que cuando entraron a Mosul, entre 10.000 y 30.000 soldados y fuerzas de seguridad iraquíes depusieron sus armas y huyeron frente a lo que se calcula eran unos 800 extremistas y que esta batalla por la toma de Mosul se estimaba en dos meses  y la feroz resistencia del Estado Islámico (EI) convirtió esta operación militar en una contienda más duradera.

Indiscutiblemente que la victoria aliada sobre los yihadistas es motivo de celebración pero el balance final incluye miles de muertos, una ciudad reducida a escombros y miles de refugiados que lo han perdido todo y  por otro lado un estado islámico que ha perdido en tres años el 60 por ciento de su territorio y volverá a las técnicas de insurgencia y terrorismo que practicaron durante los años que sucedieron al ocaso de Sadam Husein.

Todo esto nos deja dos grandes interrogantes, ¿Dónde se reagruparán ahora los terroristas? y ¿Cuál será su respuesta a esta derrota?

La organización ya ha respondido a otros reveses militares con sangrientos ataques, recordemos por ejemplo que el atentado con bomba más mortífero jamás cometido en Bagdad, que mató a 320 personas en julio de 2016, tuvo lugar tras la pérdida por los yihadistas de su bastión de Faluya.

No es coincidencia que el califato menguante haya redundado en un aumento significativo de los ataques terroristas en países occidentales, sobre todo en Europa. Esta realidad nos lleva a concluir que está muy lejos de ser una amenaza anulada, su predicamento entre ciertos sectores de la población musulmana y su capacidad de reclutamiento lo convierten en un grupo letal para nuestros valores y nuestra forma de vida. La ideología y la propaganda del EI siguen teniendo fuerte influencia, originando el surgimiento de numerosas células yihadistas más allá de las fronteras geográficas del califato. Varios atentados mortales han sido reivindicados por el grupo en todo el mundo en los últimos años.

El Estado Islámico sigue representado una amenaza a nivel mundial, la victoria en Mosul, trae esperanza y puede ser el principio del fin, sin embargo conviene no bajar la guardia ni un minuto porque este enemigo no da tregua. El grupo ha perdido lo que le distinguía de otros movimientos yihadistas: el califato, el elemento que le ayudó a conquistar los titulares de los periódicos y atraer nuevos reclutas, ahora al depender de los auto-radicalizados Dáesh es capaz de proyectar su alcance y expandir el terror.

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