La estrella en Rusia 2018: EL VAR

Definitivamente lo fue. Sin temor a equivocarme. Situación que ha dejado en evidencia que es necesario reestructurar esta tecnología porque no ha cubierto totalmente las expectativas para lo cual fue creado.

Nadie puede negar que con el VAR se ayuda a los árbitros a equivocarse menos. Mucho menos. Mejora el acierto de las decisiones relevantes en un porcentaje interesante. Pero lo negativo es que en muchos pasajes para el cual es requerido, responde de manera opuesta a lo que señalan las reglas de juego del fútbol. Allí está la controversia.

El mejor ejemplo de lo que señalo es lo sucedido el día de la gran final del campeonato mundial Rusia 2018 entre los seleccionados de Francia y Croacia.

La falta precedida del primer gol del equipo francés no existió, al punto de que el árbitro Néstor Pitana de nacionalidad argentina y de “confundida actuación”, recibió protestas de más de ocho jugadores croatas al momento de sancionar la falta.  Sin embargo, no intervino. Tampoco fue útil para lograr discernir correctamente si fue penal o no. Decisión que cambió la historia del partido y donde el juez del compromiso regresó por segunda vez al monitor del VAR para “analizar” las imágenes ofrecidas. Evidenciando su débil posición arbitral.

A mi opinión, debe de ingresar a una reestructuración donde las líneas maestras para este trabajo deberán basarse en cuatro puntos:

1- Alcance del VAR dentro del rectángulo. Ofreciéndole al árbitro de turno el 100% de veracidad.

2- Manual de funciones de los operadores.

3- Criterios de los operadores para cumplir con su función.

4- El tiempo que se emplea en tomar la decisión.

Finalmente reconocemos que ayuda a eliminar las acciones dolosas y creadas con el fin de sacar provecho injustamente. Acciones que tanto perjudican al deporte y al fútbol. Pero deja otras tantas sin corrección. O lo que es peor, sus decisiones favorecieron a los equipos favoritos, estrellas del fútbol o los llamados grande. Y eso no es lo correcto.