¿Llegaran las dictaduras digitales?

Una de las más conocidas definiciones de Dictadura es el poder ejercido por una persona o grupo al margen o por encima de las leyes, sin sometimiento a fiscalización, ni control alguno. Eso llevamos décadas conociendolo, lo nuevo a agregar es la falta de regularización de la propiedad de los datos, ya que eso es lo que se considera el punto de partida para llegar al concepto de Dictadura Digital, el manejo de las grandes bases de datos, cuyo control es ya una amenaza contra las libertades tanto individuales como colectivas.

Así como en el siglo XX gobernó el petróleo, ahora en el XXI gobiernan los datos, y los datos los entregamos todos los seres humanos en forma gratuita a plataformas como Google, Facebook y Amazon, que son tan poderosas al punto de que pueden predecirnos e interferir en nuestros sentimientos y de cierta forma neuromanipularnos.- comenta el historiador Israeli Yuval Noah Harari.

Si bien la ciencia y la tecnología son oportunidades inmensas, también hay un tema político: quién controla los datos. Si el poder político lo van a manejar diez plataformas, y esas diez van a concentrar todos los poderes, se genera un proceso de contrademocratización respecto de los avances del siglo XX y desafortunadamente esa es la nueva estrella de la manipulación.

Como ciudadanos, miramos estos cambios  con incertidumbre y temor, pero lo que nos  asusta o al menos a mi, es que la política y las instituciones no tienen respuesta a eso y ni siquiera se estan preparando.

“¿Cuál es el lugar más poblado del planeta?”, preguntó Borón un profesor argentino y la mayoria de la audiencia contesto: “China”. — “No”, respondió el politólogo doctorado en Ciencia Política por la Universidad de Harvard.  Dijo “Es Facebook, tiene 1.860 millones de personas como usuarios- ciudadanos”.

La mayor fuente de poder para los titanes tecnológicos somos sus usuarios. Cada foto o celebración que posteamos en Facebook, cada búsqueda en Google, cada opinión en Twitter, entrega una pieza más del puzzle de nuestra existencia.  Nuestros gustos y hobbies, nuestras ideas políticas, nuestras causas sociales y hasta nuestros temores no están siendo compartidos solo con nuestros amigos o seguidores, sino también, a través de estas plataformas, con cientos de entidades que desean saber qué queremos comprar, qué queremos ver o leer y lo peor por quién queremos votar. La democracia 2.0 está abierta a todos, pero, como sucede a menudo, permanece controlada por unos pocos.

Para evitar las dictaduras digitales necesitamos regular la propiedad de los datos, que se están convirtiendo en el activo más importante. La política será una lucha para controlar el flujo de datos. El problema es que no tenemos un modelo para regular eso. Este es el gran desafío para ingenieros, abogados y filósofos,  democratizar los datos y volver a una dimensión ética.