Comenzar con la gracia de un ROSÉ

Por : Cynthia Paredes

Un vino entretenido, fresco y que puede acompañar una variada propuesta de maridaje.

Me es sumamente grato volver a compartir con ustedes, desde Chile -un país bendecido por sus destacados mostos- un poquito más sobre el fascinante mundo del vino, y seguir aprendiendo de ese enlace maravilloso llamado maridaje, que se logra cuando generamos una unión o matrimonio entre vinos y distintas preparaciones.

Hoy, el invitado a nuestra mesa es el vino Rosé, que proviene de cepas tintas, y tiene un proceso de producción diferente para mantener los sabores primarios de sus frutas, pero donde destaca – además de su color- una frescura muy parecida a la de los vinos blancos.

Cabe señalar que durante muchas décadas, los vinos rosados fueron mirados con poca atención por los especialistas, una percepción que cambió gracias a la preferencia femenina, quienes lograron levantar al Rosé y ponerlo entre sus favoritos, contando ahora con un merecido sitial.

Su cuerpo ligero, frescura y versatilidad para acompañar diferentes recetas de todo el mundo fue una verdadera ventaja, y cuyos aromas que podemos percibir pueden ser el reflejo de una explosión de grosellas, frambuesas, frutillas, moras, especias y flores.

Se puede encontrar distintos estilos de vinos rosados y elaborados con una gran variedad de cepas tintas. La audacia siempre estará en la maceración, ya que a diferencia de los vinos tintos tradicionales, el contacto del jugo con la piel de las uvas, donde se encuentran los compuestos colorantes llamados antocianinas, es muy delicado y breve. El tiempo que dure la maceración definirá el color y la intensidad del vino, desde un rosa pálido, casi como piel de cebolla, hasta tonos más profundos como el magenta.

El Rosé y su variedad de maridaje

Entre las razones que también explican el auge del Rosé y su rápido crecimiento en el consumo, pueden asociarse el gran potencial de maridaje que tiene la variedad, que puede tomarse durante todo el año, en cualquier momento del día y que corresponde a una alternativa de menor costo que un espumante y que además se le vincula a un estilo de vida glamoroso, asociado al placer y al ocio.

Es así como el Rosé puede estar muy bien utilizado al momento de despertar los sentidos en un aperitivo – en lo personal me encanta para refrescarnos en una terraza durante el verano – o para comenzar un almuerzo o cena en cualquier estación del año.

Pero también hay otros platos que combinan de excelente manera con este vino: pastas, gran variedad de quesos, ensaladas ligeras, sopas, carpaccio de ostiones o pescados blancos, también son opciones que van a la perfección con el Rosé y, por supuesto, postres.

 

Me despido, esperando encontrarnos en una próxima edición, y ojalá se atrevan a descubrir los encantos que ofrece el Rosé, un vino que nos presenta un abanico de posibilidades cuando nos sentamos a la mesa.

Cynthia Paredes , Periodista , Enologa   

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