Vergüenza por sentir lo que sentimos

Por : Daniela Quiroga

Culturalmente “castigamos” las emociones diferentes a aquellas relacionadas con la felicidad. Cuando sentimos tristeza, ansiedad, miedo, rabia, etc. nos sentimos avergonzados, pues socialmente hemos creído en el constructo que esas emociones no son adecuadas, no son válidas, no son correctas para vivir una buena vida, demuestran un carácter débil, defectuoso y falta de fortaleza.

Sentir vergüenza por lo que sentimos es un comportamiento generalizado en nuestra sociedad, que ha pasado de generación en generación (Ej: “los hombres no lloran”) y que hoy en día se ha acentuado por la velocidad en la que vivimos (Ej: “todavía sigues pegado de eso, supéralo”, “no tengo tiempo para el drama”). Y nosotros mismos nos encargamos de perpetuar y reforzar esa creencia, pues somos los primeros en juzgarnos por lo que sentimos (Ej: “por qué le estoy dando tanta importancia a eso, no es para tanto”, “que ridículo sentirme así, ya no más”). Así que no sólo sentimos vergüenza por sentir lo que sentimos, con los demás, sino – más importante aún – con nosotros mismos.

Esta creencia nos ha llevado a reprimir las emociones, a callarlas, a vivirlas en silencio y soledad, a extender su presencia dolorosa, que tarde que temprano se manifiesta física (enfermedades), y/o comportamentalmente (reacciones agresivas, adicciones, aislamiento, etc.).

La invitación es a desaprender esa creencia y honrar nuestras emociones como pilar para nuestro bienestar. Es una tarea simple pero no necesariamente fácil, requiere, energía, tiempo, consciencia y mucha autocompasión. Sentir es nuestro derecho y velar por nuestro bienestar es nuestra responsabilidad.

Comparto algunas acciones que te pueden ayudar a salir del “emotion-shaming”:

  • Date permiso para sentir, confía en que es humano y natural pasar por diferentes gamas emocionales.
  • Reconoce la emoción, date cuenta cuando cambias de estado emocional.
  • Identifica la emoción, dale un nombre (sin adornar).
  • Explora tu emoción, hazte preguntas.
  • Nota los juicios que llegan a tu cabeza.
  • Exterioriza tu emoción: puedes decirla para ti (en un diario, una grabación, etc.) o puedes elegir una o varias personas con las que te sientes seguro, no juzgado para compartir.

Es de valientes ser honestos con nosotros mismos, pasar obstáculos de nuestra mente, romper “acuerods sociales” y mostrarnos vulnerables.

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