La gordofobia

Por : Daniela Quiroga

“Has subido unos cuantos kilitos”, “Cómo se ha adelgazado, se ve divina”, “Te recomiendo esta dieta que yo hice, me fue súper bien, bajé 5kg”, “Mejor ponte este vestido que te ves más flaca”.

Como estos muchos comentarios escuchamos, recibimos y decimos en nuestra cotidianidad. Hemos normalizado la “gordofobia”, el miedo a la gordura. Hemos convertido la gordura en sinónimo de malo, de fealdad, de falta de voluntad, de pereza; la asociamos a algo negativo, a no saludable.

Pero ¿qué tan veraz es que una persona delgada es más saludable que una persona con sobrepeso? ¿Acaso una persona delgada no podría estar viviendo un Trastorno de la Conducta Alimentaria? ¿O tal vez estar atravesando una enfermedad física que no le ha permitido ingerir alimentos?

Lanzamos juicios acerca de una persona por un número en la balanza o la forma de su cuerpo, ¿qué indica un 50, un 60 o unos 100 kilos sin conocer más detalles de la vida de esa persona? ¿Su nivel de colesterol, la funcionalidad de sus órganos, qué tan a menudo mueve su cuerpo, lo que pasa por su mente, su estado emocional?

Con esto, no promuevo el sobrepeso, ni tampoco trato de justificarlo, más bien quiero generar un interrogante acerca de la connotación – que como sociedad – le hemos dado al peso y a la forma del cuerpo.

Lo cierto es que existe un estigma respecto a la gordura que pasa por diferentes gamas, desde la personal (hablando de auto imagen), tocando la social (imagen pública – belleza), entre muchas otras. Socialmente generamos un estándar de lo permitido, de lo correcto, del “buen cuerpo” y lanzamos juicios acerca de una persona – incluso de nosotros mismos – considerando sólo la punta del iceberg. No somos conscientes de todos los factores que influyen en la forma y el peso del cuerpo: la biología, la condición económica y social, el entorno, la emocionalidad, la relación con la comida, lo que ésta significa.

La gordofobia está estrechamente ligada a la cultura de las dietas.  Estar a dieta se ha convertido en la norma, denota disciplina, voluntad, autocontrol y capacidad. Consecuentemente, asumimos que aquellas personas que no pueden hacer o seguir una dieta – y por lo tanto son gordas – son entonces indisciplinadas, faltas de voluntad, de autocontrol e incapaces. Una vez más: no somos conscientes de todos los factores que influyen en la forma y el peso de un cuerpo. Los hábitos alimenticios van más allá de la disciplina y la voluntad, del hambre física; están impregnados de emocionalidad.

La relación con la comida puede ser también una relación de intimidad, de expresión u omisión de emociones, de traumas, de conflictos no resueltos, de humanidad. Si bien considero importante incorporar en la vida ayudas para la alimentación – como aprender a escuchar al cuerpo, seleccionar alimentos que generen efectos positivos en el cuerpo y la mente – no comparto la mentalidad de dieta, de control pues eso implica restricción, privación y por lo tanto desbalance, aumento del deseo por los “alimentos prohibidos” y la gestación de la creencia de “no ser capaces”, de que “hay algo mal en mí o conmigo” por no cumplir una dieta. Considero que la mentalidad de dieta es una estrategia cortoplacista que omite y calla la sabiduría del cuerpo y nos lleva a desconfiar de nosotros mismos, de nuestros instintos; adjudicando nuestra capacidad de ser y hacer, a algo externo.

Las opiniones, los juicios y los estándares – socialmente aceptados – nos lanzan a una búsqueda del cuerpo “correcto” a una insatisfacción constante con nuestra forma, con nuestro peso. Nos miramos al espejo buscando el defecto, la imperfección, aquello que deberíamos cambiar para poder encajar, pertenecer, ser bellos, para lograr diferentes objetivos – convencidos que el peso y la forma del cuerpo son la llave de entrada. ¿Qué pasa con las personas de cuerpos “gordos”- grandes? ¿Acaso ellos no pueden por la forma de su cuerpo?

Aceptar el cuerpo tal como es – AKA combatir la gordofobia – es un camino largo, difícil, doloroso, de constancia, de cuestionamiento pero muy gratificante, es un proceso de (auto)observación, de (auto)conocimiento, de (auto)cuestionamiento crítico, de curiosidad, de humanización; es un cambio incómodo que comienza en la individualidad. ¿Qué pensamientos tienes respecto a la forma del cuerpo? 

Daniela Quiroga Casella / info@dqcoaching.com / www.dqcoaching.com