Mi vaso medio lleno

Las mejores empanadas chilenas del planeta, un viaje al pueblo minero de Rockville, Lisa Kristine y su fotografía humanitaria, el amor infinito por un niño a quien apenas conozco y el pasional por un hombre que se asomó por mis redes sociales para dejarme noqueada de pasión, formaron parte de este año, tan extraño, que pasó.

La idea de mi columna, esta vez, es de compartir mi vaso medio lleno, porque el medio vacío ya lo vemos en las noticias todos los días.

La magia comenzó el 16 de marzo, cuando el mundo declaró estado de emergencia por la pandemia. Mis mañanas en casa empezaban siempre con la video llamada de mi amiga Alejandra. Ambas decidimos que viviríamos la encerrona con la mejor disposición, y acto seguido comenzamos a hacer yoga todos los días, y luego, un café para hablar de la vida y de alguna que otra serie de televisión que nos había cautivado.

Luego en mayo, conocí a una hermosa familia que buscaba a alguien con mi talento para ayudar a su hijo de un año en su desarrollo motor.

El resultado, la oportunidad de trabajar en algo que me llenaba el corazón y también las arcas de mi bolsillo. Me entretuve haciendo dinero para ahorrar y poder costear mi curso energético con Jeffrey Allen.

¡Por Dios! Qué experiencia tan maravillosa, porque me desplace al centro de la tierra y al cosmos también para encontrarme cara a cara con la paz.               En uno de esos viajes cósmicos logré ver una figura masculina                que luego se materializó en forma humana, a través de Facebook, junto con una batería y cientos de melodías que empezaron a complementar mis días, con llamadas de cuatro, cinco y hasta seis horas, llenas de risas,                     buen humor, y música, mucha música… Y mientras eso sucedía, aproveché y volé a Sonoma y a Napa Valley,            en donde descubrí a Lisa Kristine, una fotógrafa que ha navegado 150 países retratando causas sociales y comunidades indígenas, con imágenes simplemente deslumbrantes, un testimonio de la verdad y lo evidente.

Ya de regreso en Miami, me adentre en un diálogo gastronómico en Doma, Pura Vida, Planta, La Cocinita, La Carpaccieria, y Pamela’s.  Todos atómicos, e increíbles, ¡como mi 2020!

Los límites de nuestro mundo son los límites que decidimos poner en nuestras cabezas, así que tú decides como quieres tener tu vaso en este 2021.

Mariana Cares / carlesmariana@gmail.com